martes, 10 de diciembre de 2019

LAS INSTALACIONES ARTÍSTICAS COMO ARMA SOCIAL


En esta entrada quería detenerme a pensar en como podrían ayudar socialmente las instalaciones artísticas, es decir, como podemos dar voz a los mas necesitados y como podríamos ayudar a algún colectivo necesitado y como el arte serviría una vez mas de arma para apoyar a aquel que lo necesita.
Investigando he encontrado muchas instalaciones artísticas donde se le da voz a un colectivo mas necesitado y estas son las siguiente.
 
Estudiantes de primer curso del Grado en Educación Primaria de la UGR han puesto en marcha una serie de instalaciones artísticas en la Facultad de Ciencias de la Educación, dentro de un proyecto denominado “Arte contemporáneo y Educación: Instalación artística y performance como espacios de reflexión, concienciación y sensibilización ciudadana”, dirigido por la profesora Pilar Manuela Soto Solier, del Departamento de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal de la Universidad de Granada. La exposición puede visitarse en la Facultad de Ciencias de la Educación hasta el 4 de diciembre.
Los trabajos de los estudiantes invitan a la reflexión acerca de cuestiones que preocupan al conjunto de la sociedad, como los límites a la libertad de expresión, el acoso escolar, los hábitos alimenticios y la educación medioambiental.
El objetivo de estas actividades es construir espacios de reflexión en el ámbito educativo universitario y aportar soluciones innovadoras a problemas sociales significativos. Se pretende promover la interacción entre agentes diversos para generar alternativas y espacios de intervención novedosos a través de proyectos artísticos-didácticos.
Según detalla la profesora Pilar Soto, “esta investigación en Educación Artística se centra en el lenguaje visual y plástico como medio de expresión y reflexión, como herramienta para activar vías de reflexión y caminos para la transformación social. En el difícil contexto sociocultural en el que nos encontramos, se hace necesario encontrar otras posibilidades de intervención, incidencia, sensibilización y/o denuncia; propuestas didácticas que deben comenzar a gestarse en el contexto educativo universitario y conectar con la realidad más cercana del alumnado”.
En este sentido, los estudiantes de primero de Grado en Educación Primaria, en la asignatura de Enseñanza y Aprendizaje de las Artes Visuales y Plásticas, han creado material y experiencias artísticas-didácticas en forma de instalaciones artísticas, performance y espacios de interacción, expresión de emociones, encuentro, participación y cooperación social. Algunas de las actividades se han trasladado a la ciudad, ubicándose en la Avenida de la Constitución.
Los estudiantes han analizado los problemas que en la actualidad están dando lugar a diferentes tipos de exclusión social y han desarrollado sus proyectos estimulando la protesta, reivindicación y sensibilización, “siendo estos una primera toma de contacto con esta metodología de enseñanza-aprendizaje, pero abiertos a nuevas vías de trabajo en las cuales no solo se sensibilicen con el problema, sino que, de algún modo, puedan aportar soluciones”, explica la profesora Pilar Soto.







Otro tema de actualidad y muy caldente son las protestas contra la actual ley del aborto, dicha protesta que relatare acontinuacion me dejo sin palabra una vez leida y es de merecer que este dentro de una de mis entradas.
Bajo el lema '¡Déjame en paz!', treinta y cuatro mujeres artistas del grupo Generando Arte exponen una serie de obras contra el nuevo anteproyecto de ley del aborto.
"Esta exposición es nuestra respuesta a la intolerable reforma de la ley del aborto, que supone un retroceso de los derechos de la mujer. Con esta ley, España va a pasar de la vanguardia en materia de libertades sociales a la cola", cuenta Concha Mayordomo, comisaria de la muestra y una de las creadoras del colectivo.
Esta iniciativa surge como una reacción visual y duradera a la polémica ley. "Desde que se presentó el anteproyecto, ha habido muchas protestas, pero pensábamos que hacía falta algo más duradero, así que montamos esta exposición en plan relámpago a partir de obras de otros proyectos", explica.
El colectivo, formado mayoritariamente por EMPA's (emergentes pero con años), ha elegido un formato homogéneo para los cuadros de la exposición (33x33 cm). Según cuenta la comisaria, "el formato único de las obras es para conseguir que todas tengan la misma intensidad, ya que están hechas para públicos muy distintos por artista de sensibilidades muy diversas".
En cuanto al trasfondo político de la muestra, Mayordomo asegura que "el colectivo y las motivaciones de sus integrantes son muy plurales". "Nuestro grupo está formado por mujeres de todas las ideologías, tanto entre las que hemos participado en la exposición como entre las que no, que tan sólo han sido quince. Las que no han formado parte ha sido por muchos motivos, no sólo políticos: vivencias personales, cuestiones profesionales...", comenta.
La denuncia a través del arte es lo que une a las 50 artistas que forman este colectivo que nació con una doble vocación —denunciar la violencia machista y dar mayor visibilidad a las mujeres artistas— y que ahora alza la voz contra la ley del aborto.
La exposición, inaugurada el 13 de febrero en la Biblioteca Carmen Martín Gaite de la Universidad Carlos III, sirve de antesala a los actos que el centro universitario organizará el 8 de marzo con motivo del Día Internacional de la Mujer.




La sala Atín Aya del Espacio Turina acoge hasta el 22 de enero la muestra 'Feminart II' en la que 19 artistas como Cristina García Rodero denuncian los estereotipos asignados a la mujer
Las obras de mujeres artistas ocupan sólo el 13,5% de las exposiciones en los museos públicos españoles. Este nefasto dato pertenece al último estudio realizado por la asociación Mujeres en las Artes Visuales (MAV) y fue facilitado el pasado martes por Margarita Aizpuru, comisaria de la exhibición Feminart II. La sala Atín Aya (C/ Arguijo s/n) se transforma, hasta el 22 de enero, en un espacio que aglutinará las últimas tendencias artísticas con un único nexo común: la mujer delante y detrás de la cámara. Feminart II reúne el trabajo de 19 artistas, 14 de ellas españolas y el resto de México, Israel, Marruecos, Colombia y Túnez.

Los profesionales que integran la exhibición buscan, a través de sus obras, deconstruir una identidad de género cimentada socio-culturalmente e impuesta a las mujeres. Ejemplo de ello es la muestra fotográfica Alma Máter de Isa Sanz en la que, a través de 12 instantáneas, la artista aborda con total naturalidad un tema que sigue generando debates como es el amamantar a un recién nacido en público.

El trabajo de Sanz se integra en la sección Maternidades, espacio que comparte con la prestigiosa fotógrafa Cristina García Rodero y su muestra Georgia 1995-2003. La primera española que ingresó en la mítica agencia Magnum viaja por imágenes que conjugan la belleza, la realidad y la crudeza para retratar la maternidad en contextos tan dramáticos como son las guerras, los exilios y la pobreza. La instantánea 18 meses de vida retrata a una madre que mira fijamente a cámara mientras da el último adiós a su hijo, vestido con un trajecito de chaqueta.
"Los discursos de género están desestructurando los conceptos, las jerarquías, las miradas o la imagen. El trabajo de las 19 artistas desarrolla un discurso desde otra óptica más liberal y plural", expresa Aizpuru. La comisaria subraya que la fotografía, los vídeos y las instalaciones están "atrayendo nuevas miradas que rompen esquemas". Además de la fotografía, también cobran especial importancia en la exposición los vídeos y las instalaciones. La artista murciana Nuria Muriana utiliza el vídeo para hacer parodias de las identidades femeninas cargadas de clichés. Muriana trata de eliminar la imagen estereotipada del colectivo lésbico en el vídeo Me llaman la Mari -camisa de cuadros y cigarrillo en la oreja incluido- protagonizado por ella misma. "El humor y la parodia también pueden usarse en el arte como una herramienta corrosiva y crítica", apostilla Aizpuru.





Pero no sólo el humor sirve como vehículo de crítica en Feminart II. Yolanda Domínguez se sirve del erotismo en Esclavas para denunciar que algunas sociedades obligan a las mujeres a tapar su cuerpo y otras pretenden que lo exhiban sin pudor. La madrileña viste a seis maniquíes con telas de burka a modo de lencería femenina: "Se titula Esclavas porque lo son tanto las que se visten con burka como las que están obligadas y explotadas por las mafias de la prostitución. Es bastante fuerte y evidente la pieza de Domínguez", manifiesta la comisaria.
El objetivo de Feminart II es avivar el debate entre los asistentes -como ocurrió el año pasado- para crear hábitos críticos y cambios en la mentalidad. Aizpuru hace hincapié en que lo importante de la muestra no radica solo en que está hecha y protagonizada por mujeres, sino que las creadoras "desarrollan mensajes rompedores".

La comisaria prevé que la exposición, en la que colabora la Fundación Cajasol, será un foro de encuentros de arte y género para un público muy heterogéneo. Aizpuru también desea que este tipo de exposiciones pongan en alza el rol de la mujer en el arte, un mundo en el que las directoras de museo, por ejemplo, brillan por su ausencia.
Uno de los momentos mas mediatizados de la historia sin lugar a dudas ha sido la guerra estadounidense en Vietnam y aunque sus adaptaciones al cine han sido muchas, las criticas a esa guerra no fueron menos.
Entre 1965 y 1970, California se convirtió en el gran epicentro de las protestas en defensa de los derechos civiles y contra la guerra «no declarada» que EE UU libraba en Vietnam. El pacifismo que nucleaba a tantos miles de «hippies» en torno a San Francisco no fue un sentimiento exclusivo de las diferentes comunas residentes en Haight-Ashbury, sino que se convirtió en la principal bandera política que se esgrimió en los cuatro puntos cardinales del estado de la costa oeste. Los 55.000 norteamericanos muertos durante la intervención en el país del sureste asiático, así como las más de dos millones de víctimas civiles que dejó la contienda azuzaron las conciencias de estudiantes, intelectuales y artistas, que no dudaron en actuar y elevar un sonoro grito de rechazo a la masacre injustificada en la que se había convertido Vietnam.
Mientras que, en San Francisco, la canalización artística de estas protestas anti-belicistas se limitó al teatro de calle y al póster, en el resto de California la participación del arte en los procesos de denuncia adquirió una mayor pluralidad de registros: fotografía, escultura pública, instalación, pintura. Cierto es que no faltaron ejemplos del lenguaje de moda en aquellos tiempos: el póster. El mismo Wes Wilson –el más influyente representante de los «cinco grandes» de San Francisco- diseñó, en 1965, uno de los emblemas visuales del espíritu anti-bélico: «Are We Next?» («¿Somos los próximos?»). Sobre un fondo presidido por las barras rojas y blancas de la bandera norteamericana, Wilson convirtió las estrellas de los estados en una esvástica coronada por el lema que da título a esta pieza: «¿Somos los próximos?» En 1970, esta inquietante interrogante pareció ser respondida con el que, sin duda alguna, supuso el póster más difundido y mediático de esta cultura visual contra la guerra: «Q: And Babies? B: And Babies», de Jon Hendricks e Irving Petling (1970). Basado en una fotografía de la masacre de My Lai tomada por el fotógrafo de combate Ron Haeberle, muestra a docenas de niños vietnamitas asesinados sobre un camino de tierra, en lo que constituyó una de las imágenes más perturbadoras e incendiarias del conflicto bélico.


En 1966, la denominada Art Workers’ Coalition emprendió, en Los Ángeles –en el cruce de Sunset y La Cienaga–, la elaboración de una de las obras de arte público político más importantes del último medio siglo: la «Peace Tower». Concebida por Mark di Suvero, y construida bajo la supervisión del arquitecto Kenneth H. Dillon, la torre surge de la yuxtaposición de un octaedro y dos tetraedros. A sus pies, un enorme panel mostraba las obras de más de cuatrocientos artistas de todo el mundo que no quisieron faltar en este «grito visual» contra la guerra: Judy Chicago, Donald Judd, Leon Golub, Eva Hesse, Roy Linchtenstein o Philip Guston fueron algunos de los participantes.

De entre los artistas que, durante estos años, se comprometieron en la realización de un arte de denuncia, que agitara las conciencias de los norteamericanos, destaca Edward Kienholz, con instalaciones como «The Eleventh Hour Final» (1968), en la que se recrea el típico salón de una casa media norteamericana, presidido por una televisión que emite imágenes de los asesinatos en Vietnam sin que el «american way of life» se vea perturbado lo más mínimo. O Hans Burkhardt, con su escalofriante pintura «My Lai» (1968), en la que, de entre una densa y matérica superficie gris, emergen diseminados una serie de cráneos humanos. Y, por supuesto, la gran Martha Rosler con su mítico fotomontaje «Vacation Getaway, From Bringing the War Home: House Beautiful» (1967-72), en la que, sobre el interior de una opulenta residencia de veraneo extraída de la revista «House Beautiful», superpuso fotos documentales de los crímenes cometidos en Vietnam. Aunque la revolución socio-cultural acontecida en esos momentos en San Francisco restó protagonismo al resto de experiencias repartidas por el conjunto del estado, lo cierto y verdad es que el conjunto de California latió, durante la recta final de los 60, al son de un mismo latido de compromiso y rupturas artísticas.






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